En el oratorio con las familias, Los salesianos en Malta En el centro del mar Mediterráneo se encuentra la República de Malta; un pequeño archipiélago en el cual la historia, la tradición y la cultura se fusionan con un austero y espléndido paisaje. Aquí los salesianos, presentes desde hace más de 100 años, y organizados en delegaciones, responden con una gran creatividad pastoral a los muchos desafíos que pone el mundo juvenil y social de Malta. Escuelas, Parroquias, Voluntariado, Oratorios, Centros veraniegos y mil iniciativas, tratan de comprometer y convertir a los jóvenes en protagonistas. El oratorio de Sliema es una de las presencias salesianas de la Isla de Malta. Aquí, donde la actividad no se detuvo ni siquiera durante la segunda guerra mundial, la pastoral educativa y evangelizadora es compartida desde hace algunos años con las familias de los niños y jóvenes que frecuentan el Centro salesiano. Una nueva experiencia ha sido convertir el oratorio en un centro de "familia" donde, aún teniendo a los jóvenes como centro de nuestra pastoral, hemos comprometido a las propias familias. Es así como el centro juvenil de Sliema se ha convertido en un lugar donde, en algunos casos, los hijos han acompañado e introducido a sus propios padres en el oratorio. El oratorio ha ofrecido un espacio rico en formación humana y cristiana a mi familia. Este camino también nos ha comprometido a nosotros como padres. Al principio sólo los acompañaba y esperaba los niños en el auto, hasta que los salesianos me han invitado a entrar y sentirme en casa. Simón y su mujer han hecho la elección de convertirse en salesianos cooperadores y dedicar su tiempo a la asistencia de los niños y jóvenes del oratorio de Sliema y al compromiso y formación de otros adultos. Actividad, caminos formativos, asistencia y diálogo educativo encuentran a los padres ocupados en el doble papel de destinatarios y protagonistas. Una experiencia que ayuda a los adultos a redescubrir la propia vocación de padres, de cristianos y de salesianos. Es una tarea que se me ha confiado; es decir trabajar por don Bosco y para los jóvenes que frecuentan el centro juvenil. Desde hace algunos meses formo parte del comité de los ex-alumnos; una oportunidad que me acerca aún más a las exigencias de la comunidad y a la realidad pastoral juvenil a la cual me siento enviada. El camino del oratorio centro juvenil de Sliema no está pasando desapercibido. Lo testimonia el padre Savio Vella, delegado para la Pastoral Juvenil de la Diócesis. Desde la experiencia que tengo, puedo decir que nuestro Oratorio en Sliema se puede colocar como modelo operativo para los nuevos centros juveniles. El oratorio ha puesto siempre en relieve a la familia como el núcleo desde donde parte una pastoral juvenil. El compromiso de los padres, particularmente los ex alumnos, ha tenido siempre un sentido, la presencia adulta no se convierte en una situación que se debe tolerar sino una exigencia educativa que requiere espacio para el bien de los jóvenes. El compromiso y el protagonismo de las familias permiten una pluralidad de iniciativas. Como, por ejemplo, la realización y producción de un programa, por parte de una emisora local, en el que el sábado por la tarde se presenta y se comenta el evangelio del domingo. Los jóvenes, ayudados por algunos adultos y por la asistencia espiritual del salesiano, son los verdaderos artífices de la escritura, grabación y transmisión de cada programa. Formo parte del BOSCOcrew. Es un grupo de jóvenes comprometidos en el oratorio en el ámbito de los medios de comunicación. Utilizamos nuestros talentos y nuestra creatividad para transmitir el mensaje del Evangelio como jóvenes para los jóvenes. El sostén de los padres y de las familias permite al salesiano ir, como Don Bosco, por las calles y encontrar allí a los jóvenes donde se encuentran... también en la fiesta de la cerveza. El trabajo que se desarrolla en el oratorio no es limitado a las horas de apertura o sólo al oratorio como territorio pastoral. Basándose en un clima de informalidad y familiaridad buscamos valorar los momentos menos formales, como esta fiesta local, para crear espacios donde compartir y, momentos de amistad. En estos espacios, a menudo, los corazones se abren, y se encuentran jóvenes que confían algunas dificultades y también piden acercarse al sacramento de la reconciliación. Esta experiencia ha suscitado en mí y en mi esposa el deseo de conocer más de cerca a Don Bosco.