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Estados Unidos - Evangelizar educando y educar evangelizando
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24 Septiembre 2019

(ANS - New Rochelle) - Se expresa que las escuelas católicas y salesianas deben ser “lugares de evangelización”. Es una tarea difícil si se tiene en cuenta el gran número de estudiantes de otras religiones que participan de esas mismas escuelas y los crecientes desafíos a la educación en la fe de los jóvenes católicos de hoy.

P. Franco Pinto, SDB

Como católicos estamos convencidos de que la fe es un don de Dios, que la da gratuitamente a quien quiere. Al mismo tiempo, es también una respuesta libre de la persona humana: Dios ha dado a los hombres inteligencia y libre albedrío y, por lo tanto, corresponde aceptar o rechazar libremente el don de Dios. Aquí radica la base de la libertad humana con respecto a la religión. Toda persona - y todo gobierno y cultura - tiene el deber fundamental de respetar y salvaguardar la libertad religiosa de cada persona.

Que la gente decida seguir a Jesús y hacerse cristianos es otra cosa; depende de si Dios les da - y ellos aceptan libremente - la gracia de creer en Jesús y elegir entrar en la Iglesia a través del Bautismo. La razón de la evangelización es similar a la razón por la que un hombre que se enamora de una mujer y desea casarse con ella y comparte esta buena noticia con los demás, anhelando hablar de ella con los demás porque esa mujer significa mucho para él y llena de alegría.

Una parte importante de nuestras vidas como hijos de Dios es amar a todos los seres humanos - especialmente a los pobres y oprimidos - para hacerles saber que Dios los ama y se preocupa por ellos. Así, desde sus inicios hasta hoy, el amor por la humanidad, especialmente por los pobres y oprimidos, ha sido el sello distintivo del cristianismo. Por esta razón establecemos escuelas, hospitales, casas para los pobres y otras obras de caridad: para ayudar a aliviar la pobreza y el sufrimiento y para hacer saber a la gente que Dios los ama y los cuida.

No debe sorprender a nadie, por lo tanto, que mientras realizamos obras de caridad por amor a Dios y a su pueblo, tratemos de dar a conocer a este Dios amoroso. No tendría mucho sentido compartir todo con los pobres - nuestro tiempo, nuestras energías, nuestro dinero, nuestros hogares, nuestras vidas - si nos negáramos a compartir nuestra fe, que es nuestro bien más preciado.

La primera y fundamental manera de compartir la fe es crear un clima cristiano en nuestras escuelas. En los entornos pedagógicos actuales, se da mucha importancia al clima de una escuela -personas, relaciones, espacio, tiempo, enseñanza, estudio y otras actividades- que en conjunto crean condiciones favorables para un proceso formativo. Tenemos la firme convicción de que desde el primer momento en que un alumno entra en una escuela católica y salesiana debe tener la impresión de que ha entrado en un ambiente nuevo, iluminado por la luz de la fe. Si no hay un ambiente tan especial, entonces hay poco más que pueda hacer que la escuela sea católica. Así que, por sorprendente que parezca, el desafío que enfrentamos hoy en día es hacer que nuestras escuelas no sean menos, sino más católicas.

Una pregunta que debemos hacernos, junto con nuestros colaboradores, es: ¿cómo evangelizar en nuestra escuela? Estoy seguro de que la respuesta siempre será: tenemos la misa, los discursos, las lecciones de catecismo, las confesiones, los retiros, la celebración de las fiestas, los cuadros religiosos en las paredes... Sabemos que el resto del día está ocupado por actividades educativas: clases, lectura en la biblioteca, actividades recreativas, ejercicios, juegos, exámenes.... Eduquemos y evangelicemos.

Suena perfecto, pero debemos tener cuidado. Corremos el riesgo de poner la educación y la evangelización como dos realidades paralelas. ¡Tal vez nunca nos detenemos a pensar que toda nuestra labor educativa debe ser evangelizadora!

Don Bosco resumió el significado de la educación en tres palabras que en italiano comienzan con la letra "S": Salud, Ciencia y Santidad. Podríamos parafrasear estas palabras para indicar "actividades destinadas a mejorar el aspecto humano, cultural y espiritual" que se integran armoniosamente en la personalidad del joven. La pedagogía de Don Bosco se centra en el bienestar de los jóvenes. Don Bosco decía: "Amad las cosas que los jóvenes aman... para hacerles amar lo que está cerca de vuestro corazón". Le dio a un joven la oportunidad de estudiar; a otro, un aprendizaje en alguna profesión que le permitiría ganarse la vida como un ciudadano honesto. Y había algo más: Don Bosco se preocupaba por la salvación de los jóvenes; los educaba de una manera auténticamente cristiana, ofreciéndoles una educación religiosa: esto les traería la plenitud de la alegría. "Te espero en el Paraíso"... es el destino final de toda educación.

Se educa en la medida en que se ama. Los pedagogos lo saben. Don Bosco decía: "La educación es cosa del corazón", y añadía que el Sistema Preventivo estaba totalmente basado en la Oda a la Caridad de San Pablo: “La caridad es paciente, la caridad es benigna; todo sufre, todo espera, todo soporta”. Don Bosco estaba convencido de que sólo Dios puede enseñarnos a amar como Él y a educar como Él. De ahí la importancia de la religión en el Sistema Preventivo.

Un dicho muy citado en la Carta de Roma de 1884 es el siguiente: “El que sabe que es amado, ama, y el que es amado lo consigue todo, especialmente de los jóvenes”. De hecho, a la edad de nueve años, al pequeño Juan Bosco ya se le habían dicho: “No con palizas, sino con dulzura y caridad tendrás que ganarte a estos amigos tuyos2.

Es este amor el que testimonia la consagración del educador como “totalmente dedicado al bienestar de sus alumnos”. Esta actitud asegura que el educador da todo lo que tiene a su alcance por los jóvenes.

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