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Papúa Nueva Guinea – 14 días para razonar: “Ningún hombre es una isla, reflexionemos sobre la importancia de la vida”

17 Julio 2020

(ANS - Port Moresby) - Conrad Vamilat es un joven salesiano en formación, originario de Papúa Nueva Guinea. La pandemia del Covid-19 lo sorprendió mientras estaba en Filipinas y retrasó y complicó su regreso a casa. Pero incluso los 14 días de cuarentena que tuvo que observar una vez de vuelta en su tierra natal no fueron inútiles: fueron más bien una especie de retiro obligatorio, para reflexionar y dar testimonio.

Desde que la pandemia de coronavirus causó el bloqueo de las actividades normales en Filipinas en marzo, hasta la reapertura de los vuelos, hemos estado confinados en el campus, y solo han salido los responsables de las comisiones comunitarias. Fue bastante deprimente para mí, fue una situación inusual. Lecciones suspendidas, servicios religiosos prohibidos, así como cualquier reunión pública. Al final, el 21 de junio, mi hermano Pio Evaha y yo pudimos salir del país para ser repatriados.

Como todos los demás pasajeros de Filipinas, desde nuestra llegada al Aeropuerto Internacional de Port Moresby hemos estado bajo una cuarentena de 14 días en un hotel pagado por el gobierno. No estábamos preocupados, pero era para vigilar nuestra salud en caso de que se presentaran los síntomas del Covid-19.

Ningún hombre es una isla, pero en esta situación de aislamiento tuvimos que soportar el dolor de estar solos. Aun así, las dos semanas de cuarentena fueron oportunidades para hacer planes personales para mantenernos ocupados. Hacer programas me ayudó a superar el aburrimiento de la soledad, un sentimiento que puedes experimentar cuando te sientes lleno de energía, pero no tienes a dónde dirigirla.

Mientras reflexionaba sobre el constante aislamiento y la cuarentena a la que estábamos sometidos, pensé en lo importante que es la vida. Como seres humanos tenemos tres instintos fundamentales e inalienables: el instinto vital, hacia el amor y hacia el poder. Pero lo más importante para nosotros es el instinto a la vida, que nos dice que debemos preservar la vida. Como seres humanos, tendemos a la vida y no a la decadencia o la destrucción o a la muerte. Si tuviéramos el poder, querríamos que la vida continuara sin interrupciones. Esta es la razón fundamental por la que todos nosotros junto a la ciencia y a la medicina, nos esforzamos por inventar drogas y condiciones que prolonguen y mejoren nuestras vidas.

Y, de hecho, parecía que el mundo trabajaba unido para luchar contra esta pandemia, unido en la lucha contra ella a través de las medidas de seguridad dadas por los gobiernos o las Naciones Unidas.

Al final, puedo decir que nuestra cuarentena no fue una pérdida de tiempo o de dinero público: fue por el bien común y por la seguridad de nuestra gente. Agradezco al gobierno por brindar tanto apoyo. Y, sobre todo, doy gracias a Dios que me ha preservado de Covid-19.

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