La jornada se abrió con la celebración eucarística, signo elocuente de la unidad de la Familia Salesiana y de su arraigo en la fe en Cristo. La Santa Misa fue presidida por el padre Simon Zakarian, superior de la Inspectoría salesiana de Medio Oriente (MOR), y concelebrada por varios salesianos de la comunidad. La Eucaristía constituyó el fundamento de todo el itinerario del día, recordando que toda misión educativa y pastoral nace del encuentro personal con Cristo y de la escucha de su Palabra.
Al término de la celebración, tuvo lugar la presentación y profundización del Aguinaldo 2026, guiadas por el padre Simon Zakarian. El inspector propuso una reflexión articulada sobre la orientación pastoral del año a partir del título: “Hagan lo que él les diga: creyentes, libres para servir”.
Meditando el episodio evangélico de las Bodas de Caná, se subrayó que las palabras de María no invitan a una obediencia pasiva, sino a una escucha libre, consciente y responsable de la Palabra de Cristo. Una escucha que genera una fe viva, capaz de liberar a la persona del repliegue sobre sí misma y orientarla hacia un servicio generoso y concreto, especialmente en favor de los jóvenes a quienes hoy “les falta el vino de la esperanza”.
El encuentro se configuró como un fuerte llamado a todos los miembros de la Familia Salesiana —consagrados y laicos en el Líbano— a vivir una fe encarnada, creativa y corresponsable, capaz de leer la realidad y responder a los desafíos educativos y pastorales de nuestro tiempo con un estilo de comunión.
Participaron en la jornada numerosas realidades y grupos de la Familia Salesiana, entre ellos:
- la Comunidad del Buen Pastor (comunidad de jóvenes iraquíes),
- los docentes de la escuela Ángeles de la Paz (para iraquíes y sirios desplazados),
- el oratorio de El Houssoun, los Salesianos Cooperadores de El Houssoun y de Kahale,
- la dirección y el cuerpo docente del Instituto Técnico “Don Bosco” de Fidar,
- jóvenes de Kahale y El Houssoun,
- las Hermanas de Córdoba y de Kfaryassine,
- y los salesianos del Líbano.
La jornada concluyó en un clima de alegría y fiesta, con momentos de danza y de compartir fraterno, expresión auténtica de la alegría salesiana: una alegría sencilla y profunda que nace de la conciencia de pertenecer al proyecto de Dios y de caminar juntos, tras las huellas de Don Bosco, al servicio de los jóvenes.
