¿Cómo encontrar amistades auténticas?
“Vivimos una cultura que nos pertenece y que sin darnos cuenta nos moldea; está marcada por la tecnología, sobre todo en el ámbito de las redes sociales –dice en español Dulce María, de veintitrés años, mexicana–. A menudo nos ilusionamos con tener muchos amigos y con crear vínculos de cercanía, mientras cada vez más experimentamos muchas formas de soledad”. Ampliamente conectados, pero a menudo carentes de vínculos “verdaderos y duraderos”, los jóvenes se preguntan cómo encontrar amistades auténticas “y un amor genuino que abra a la verdadera esperanza”.
Las relaciones humanas pueden ser “sinceras, generosas y verdaderas” si reflejan el “intenso vínculo con Jesús”, “verdad que no engaña”, amor que da esperanza, es la respuesta de León, quien explica ante todo cuánto son “indispensables” para todos “las relaciones con otras personas” y el “papel fundamental” de la “cultura”. Cada una “contiene tanto palabras nobles como palabras vulgares, tanto valores como errores, que hay que aprender a reconocer”, advierte el papa, aclarando que “la verdad”, en la práctica “une las palabras a las cosas, los nombres a los rostros”, mientras que “la mentira” separa “estos aspectos, generando confusión y equívoco”.
“Cuando el instrumento domina al hombre, el hombre se convierte en un instrumento: solo las relaciones sinceras y los vínculos estables hacen crecer historias de vida buena. Queridísimos, toda persona desea naturalmente esta vida buena, como los pulmones tienden al aire, ¡pero qué difícil es encontrarla! Hace siglos, san Agustín captó el profundo deseo de nuestro corazón, es el deseo de todo corazón humano”, compartió León XIV.
El papa recuerda que también el obispo de Hipona “pasó por una juventud tormentosa”, pero que “no se conformó, no acalló el grito de su corazón”. “Buscaba la verdad, la verdad que no engaña, la belleza que no pasa” y “encontró una amistad sincera, un amor capaz de dar esperanza” en Jesucristo, “construyó su futuro” siguiéndolo. Tanto que pudo afirmar, luego: “Ninguna amistad es fiel si no es en Cristo. Solo en Él puede ser feliz y eterna”. Y aún: “Ama verdaderamente a su amigo quien en su amigo ama a Dios”.
Improvisando luego, añade el papa: “¡Quiéranse entre ustedes! ¡Quererse en Cristo! Saber ver a Jesús en los demás”. Y se detiene una vez más en la amistad, que “puede verdaderamente cambiar el mundo”. “La amistad es un camino hacia la paz”.
El miedo a tomar decisiones
Gaia, una joven italiana de diecinueve años, se hace portavoz de los sueños, esperanzas y dudas de todos los jóvenes, y plantea el problema del actual “clima de incertidumbre” que induce a “postergar” las “decisiones importantes”. “Sabemos que elegir equivale a renunciar a algo y eso nos bloquea”. De ahí la duda: ¿cómo “ser valientes y vivir la aventura de la verdadera libertad, tomando decisiones radicales y llenas de sentido”?
León precisa que es el amor lo que da el coraje para elegir: “A elegir se aprende a través de las pruebas de la vida, y ante todo recordando que hemos sido elegidos. ¡Hemos recibido la vida gratis, sin elegirla! En el origen de nosotros mismos no hubo una decisión nuestra, sino un amor que nos quiso. A lo largo de la existencia, demuestra ser verdaderamente amigo quien nos ayuda a reconocer y renovar esta gracia en las decisiones que estamos llamados a tomar”.
Y si bien es cierto que “elegir también significa renunciar a otra cosa”, algo que “a veces nos bloquea”, “el amor de Dios” es lo que da firmeza. Jesús “nos amó con todo su ser, salvando al mundo y mostrándonos así que el don de la vida es el camino para realizar nuestra persona”.
Por tanto, si se funda la propia vida en Cristo “el miedo deja entonces espacio a la esperanza” y se puede reconocer “su fidelidad en las palabras de quien ama de verdad, porque ha sido verdaderamente amado”.
¿Cómo encontrar al Señor Resucitado?
Finalmente, en la tercera pregunta, Will, de veinte años, llegado desde Estados Unidos, reflexiona sobre la vida interior, que atrae a los jóvenes, sobre el “llamado a lo bello y al bien como fuente de verdad”, percibido “en lo profundo”, y sobre el “valor del silencio”, que “fascina, aunque en algunos momentos infunde miedo por el sentido de vacío”. Ante esta última contradicción, ¿cómo “encontrar verdaderamente al Señor Resucitado” en la vida “y estar seguros de su presencia, incluso en medio de las dificultades e incertidumbres”?
La invitación del Pontífice es a invocar a Dios, en el camino de búsqueda del bien, rezándole: “Quédate con nosotros, porque sin Ti no podemos hacer ese bien que deseamos”. A Cristo se lo encuentra en la Iglesia, continúa el papa, “en la comunión de quienes lo buscan sinceramente”. Y es Dios quien “nos reúne para formar una comunidad”, “una comunidad de creyentes que se sostienen mutuamente”, listos luego para llevar la Buena Nueva a los demás.
Y es nuevamente san Agustín a quien cita León para expresar las inquietudes de los jóvenes –“Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti... Señor, te busco... e invocarte es creer en Ti”–, indicando a los jóvenes que invoquen a Dios para encontrarlo incluso en sus propios “límites” y en sus propias “fragilidades”, para continuar el diálogo con Él cada vez que se eleve la mirada al Crucificado.
Terminado el diálogo del papa con los jóvenes, se proclama el Evangelio, luego sigue la adoración eucarística, un momento particularmente intenso, durante el cual en la explanada de Tor Vergata desciende un silencio cargado de oración. Lo intercalan cantos y reflexiones, en un clima de gran recogimiento. Tras la reposición y la bendición final, el Pontífice concluye regalando una sonrisa a todos los jóvenes: “Les encargo, ¡descansen un poco!”.
