Después de un momento inicial de recogimiento y de oración, los hermanos han realizado el rito de ingreso a través de la Puerta Santa, atravesándola en clima de recogimiento, canto y profunda participación espiritual. El gesto ha expresado el deseo de renovación interior, de conversión y de encomienda, típico del camino jubilar, vivido en comunión fraterna y en el espíritu del carisma salesiano.
La Celebración Eucarística ha sido presidida por el Rector Mayor, padre Fabio Attard, en la Capilla de la Salus Populi Romani, corazón mariano de la Basílica y lugar querido por la tradición de la Iglesia y de la Familia Salesiana. La presencia del icono de la Virgen ha ofrecido el contexto ideal para una reflexión profunda sobre el misterio de María y sobre su rol en el camino de fe de los creyentes.
En la homilía, el Rector Mayor ha propuesto una meditación intensa y rica partiendo de la figura de María en el Evangelio de Lucas. Recordando el versículo que describe a María como aquella que "se levantó y fue de prisa", ha subrayado la prontitud y la disponibilidad interior de la Virgen, signo de una fe concreta y operosa. Deteniéndose en un pasaje del Magnificat, ha destacado cómo la grandeza de Dios y la santidad no son realidades distantes, sino profundamente entrelazadas con la humildad.
La humildad, ha explicado, no consiste en hacerse insignificantes o en negar la propia dignidad, sino en reconocer que la historia humana, en su pequeñez, está llamada a convertirse en morada de la grandeza de Dios. María, mirada por el Señor en su humildad, se convierte en el lugar en el que Dios elige habitar. Citando a san Agustín, el Rector Mayor ha recordado cómo María, acogiendo la Palabra en el corazón antes que en el seno, se ha convertido en el primer tabernáculo de la humanidad.
Desde esta perspectiva, la humildad se convierte en libertad: libertad de aquello que hace esclavos, de aquello que impide una mirada límpida y contemplativa sobre la realidad. Solo cuando se presenta sin pretensiones, sin la necesidad de aparecer "más grandes", la grandeza de Dios puede volverse contagiosa, llenando la vida de amor, misericordia, empatía y ternura. En esta dinámica - ha subrayado - nace una santidad compartida y participada, no individualista, sino profundamente comunitaria y social.
La peregrinación se ha concluido en un clima de silenciosa gratitud y encomienda a María, Salus Populi Romani. Hacia la conclusión de la celebración, retomando las palabras introductorias del padre Claudio y recordando una expresión querida por el papa Francisco, el Rector Mayor ha exhortado a los presentes a renovar su actitud filial hacia la Virgen María: "Mirémosla a ella, nuestra Madre, y dejémonos mirar por ella, porque es nuestra Madre y nos ama tanto; dejémonos mirar por ella para aprender a ser más humildes, y también más valientes en seguir la Palabra de Dios; para acoger el tierno abrazo de su Hijo Jesús, un abrazo que nos da vida, esperanza y paz".
Con esta invitación, los hermanos han encomendado a María su camino personal y comunitario, renovando el deseo de vivir el carisma de Don Bosco con corazón humilde, libre y disponible, al servicio de los jóvenes y de la Iglesia.
