Un siglo de historia, de rostros, de patios y de educación se ha transformado en un presente vivo y vibrante el pasado fin de semana en San Cataldo. La ciudad celebró el cierre del centenario de la presencia de los Hijos de Don Bosco con la visita extraordinaria del Rector Mayor, padre Fabio Attard. Un acontecimiento rarísimo para la crónica local: en cien años, de hecho, solo tres Rectores Mayores en ejercicio habían visitado la ciudad, empezando por el beato Filippo Rinaldi que en 1923 prometió la llegada de los salesianos, que luego se produjo concretamente el 6 de diciembre de 1924 gracias a la tenacidad del canónigo Cataldo Pagano.
Un vínculo indisoluble: la Ciudadanía Honoraria
La visita comenzó el sábado 10 de enero con un momento de profunda familiaridad. Acogido por los grupos de la comunidad educativo-pastoral y de la Obra de San Cataldo, el padre Fabio Attard se puso a la escucha de las diversas realidades locales, compartiendo un almuerzo fraterno que de inmediato marcó el estilo de la visita: cercanía y escucha.
El punto culminante institucional se alcanzó por la tarde en el auditorio “Gaetano Saporito”, donde el Consejo Municipal otorgó al padre Fabio Attard la Ciudadanía Honoraria de San Cataldo. Un gesto que sella un siglo de compromiso educativo y social que ha dejado una huella indeleble en el tejido civil de la ciudad. La velada continuó luego en el Oratorio con el espectáculo “De fiesta con el padre Fabio”, una explosión de alegría típicamente salesiana.
La homilía: “Siervos en el Siervo”
El domingo 11 de enero, en la solemnidad del Bautismo del Señor, la Iglesia Madre acogió la solemne celebración eucarística, presidida por el Rector Mayor y concelebrada por numerosos salesianos vinculados a la historia de la casa de San Cataldo.
En la homilía, el padre Attard trazó el rumbo para el próximo siglo de misión, partiendo de la identidad bautismal: “Siervos en el Siervo: el carisma salesiano como vocación bautismal”. Comentando la figura del Siervo de la que habla el profeta Isaías, el Rector Mayor subrayó cómo la identidad salesiana debe reflejar el estilo de Cristo: no un mesías triunfante, sino un siervo humilde.
Recordando el estilo salesiano del sistema preventivo, el Rector Mayor recordó que el educador salesiano no es un dueño, sino un siervo que acompaña a los jóvenes reconociendo en cada uno la imagen de Dios. Definió este enfoque como la “revolución de la ternura”, citando la paciencia del Siervo que no rompe la caña resquebrajada ni apaga el pábilo de la llama mortecina.
Además, reflexionando sobre el tema de este domingo, el padre Fabio recordó: “El bautismo nunca es solo para nosotros mismos”, exhortando a la comunidad a ser “luz de las naciones”, ayudando a los jóvenes a encontrar el sentido de la vida más allá del consumismo y liberándolos de las adicciones y de las cadenas invisibles.
La celebración concluyó con un mandato fuerte: vivir como María nos enseña, amando y sirviendo como Él, para ser en todas partes “siervos en el Siervo”.
Un monumento para el futuro
Al término de la misa se inauguró un monumento dedicado a Don Bosco.
La conclusión del centenario no fue, por tanto, una simple mirada al pasado, sino el lanzamiento de un nuevo desafío. Como se subrayó durante los días de la visita, estos cien años no son una meta, sino un trampolín para renovar el compromiso con la educación, la inclusión y la responsabilidad social, pilares sobre los que los salesianos seguirán construyendo el futuro de la comunidad sancataldesa.
