El soplo de la vida
Monseñor Ryabukha relata la experiencia vivida por los jóvenes ucranianos en Roma: “El Jubileo de los Jóvenes –explicó monseñor Ryabukha– es el momento en el que los jóvenes de todo el mundo hacen comunidad, hacen Iglesia. Pero para estos chicos ucranianos ha sido también un tiempo de encuentro con quienes les dicen: ‘Los apoyamos, y con ustedes esperamos y confiamos en la paz’”.
“Durante este Jubileo –añade– descubrieron que no están solos. Paseando por las calles, visitando las iglesias o incluso haciendo la fila para el almuerzo o la cena, sintieron de manera concreta el afecto de quienes estaban a su lado: ‘¿Ustedes son de Ucrania? Nosotros estamos con ustedes. Les queremos’. Estas palabras llevaron luz a sus corazones, serenidad a sus pensamientos y la certeza de no estar olvidados o abandonados. Ser reconocidos, vistos y acogidos es un gran signo de ternura: la ternura de Cristo, de la Iglesia y del mundo cristiano. Saber que se es parte de una familia es una fuente de fuerza y esperanza”.
Los días del Jubileo fueron el momento en que lograron “respirar el soplo de la vida”, continúa el obispo. “Allí donde vivimos, donde diariamente explotan bombas, uno queda aplastado por la injusticia que se perpetra contra la vida humana. Por eso, para ellos es importante encontrarse con alguien que sepa indicar razones para vivir; encontrando a Dios se logra también compartir este encuentro con los demás. Muchos de los jóvenes que están aquí vienen de zonas de guerra, donde es imposible vivir la experiencia de dormir en la propia casa, porque hay drones que matan, que hacen explotar las casas, los coches. Muchos, por tanto, junto a sus familias, al caer la noche, se trasladan al campo, a los prados, a lo largo de los ríos. Es una vida difícil, que te hace sentir impotente”.
Las palabras del papa León, un bálsamo para las heridas
Al finalizar el Ángelus dominical rezado en Tor Vergata, el papa León dirigió un pensamiento especial a los jóvenes de Gaza, de Ucrania y de las tierras bañadas por la sangre provocada por los conflictos. Palabras que caldearon el corazón del obispo salesiano y de los jóvenes por él acompañados.
“Las palabras del papa León –observa el obispo de Donetsk– son una invitación a no perder la esperanza, a mirar hacia adelante y a tener a Cristo como meta de nuestra vida, de nuestro camino y de nuestro compromiso. Y expresan también confianza en los jóvenes, llamándolos ‘sal de la tierra y luz del mundo’. También los jóvenes sienten esta carga de esperanza y esta posibilidad de poder vivir plenamente, con el deseo de construir la vida sobre una roca segura: Dios, que es el Dios del amor y de la paz. Junto a las muchas relaciones de amistad que han nacido en estos días, todo esto se convierte en un impulso más para mirar con esperanza hacia adelante”.
El compromiso por una paz justa
Acompañando a los jóvenes ucranianos a Roma estaba también monseñor Kryvytskyj, quien cuenta que para algunos obispos de otros países fue difícil creer que un número tan grande de jóvenes ucranianos hubiera logrado llegar a Roma. “La gente piensa que, dado que estamos en guerra, vivimos como si estuviéramos congelados, que dado que vivimos otros problemas, para nosotros no es hoy una prioridad la necesidad de unirse a toda la Iglesia. El hecho de que estemos aquí, en cambio, demuestra que para nosotros es fundamental estar en comunión con toda la Iglesia, hablar de lo que estamos viviendo hoy en Ucrania y de los desafíos que enfrentamos. Y que, por tanto, es importante para nosotros exhortar a la Iglesia a hablar de lo que realmente está ocurriendo en Ucrania. Estamos aquí también para decir toda la verdad y para exhortar a las personas, a los jóvenes, a no callar, sino a comprometerse por una paz justa en Ucrania y en otras partes del mundo”.
La esperanza para resistir la guerra
Durante todo el período de guerra, la Iglesia en Ucrania ha permanecido al lado de las personas, en particular de los jóvenes, brindando apoyo en forma de ayuda humanitaria. Entre los desafíos de la pastoral en tiempo de guerra está también la búsqueda de un modo de cultivar la esperanza. “El hecho de que este año esté dedicado a la esperanza –prosigue monseñor Kryvytskyj– me parece que es un signo de la Divina Providencia. Y es lo que Ucrania necesita, porque tras tres años y medio de conflicto, muchas personas, incluso quienes siempre se han definido como cristianos, están perdiendo la esperanza. A menudo, después de haber rezado repetidamente sin recibir respuesta del Señor, se rinden, diciendo: ‘¿quizá Dios no escucha nuestras oraciones o quizá Dios no existe en absoluto?’. Por eso, este año, reflexionando sobre la palabra esperanza, tenemos la posibilidad de resistir realmente en estos tiempos difíciles”.
La unidad de la Iglesia
La esperanza es lo que mantiene viva la fe, que –prosigue monseñor Kryvytskyj– “durante la guerra ha alcanzado niveles completamente nuevos, porque no es solo la hipótesis de que alguien esté allá afuera en alguna parte, sino que es una relación especial en esta situación crítica”.
“Me ayuda el sentido de unidad de la Iglesia –concluye el prelado– que se vive cuando, también aquí, alguien nos asegura que siempre reza por nosotros. Las personas nos llaman, nos escriben, nos dicen que, a pesar de todo, siguen estando a nuestro lado. Este espíritu de unidad de la Iglesia me enriquece también a mí y es lo que salva a nuestros jóvenes, los salva de la desesperación y del cansancio que todos sentimos”.
Fuentes: Vatican News, AgenSir
