El saludo del Rector Mayor: fidelidad a Don Bosco, amor al papa
El Rector Mayor fue quien recibió al Santo Padre, que expresó en nombre de todos los hermanos la alegría y la gratitud por la visita, definiéndola "fuente de bendición, de valor y de esperanza".
Recordando la historia de la Basílica del Sagrado Corazón, el Rector Mayor evocó el encuentro del 5 de abril de 1880 entre el papa León XIII y Don Bosco, cuando el Pontífice confió al Santo de los jóvenes la construcción del templo. Frente a la vacilación del papa – consciente de las dificultades económicas de la empresa – Don Bosco respondió con palabras que quedan esculpidas en la memoria salesiana: "El deseo del papa es para mí una orden".
Y a la precisión del Pontífice, que no habría podido ofrecer sostén económico, Don Bosco replicó: "A Vuestra Santidad yo no pido dinero: imploro solamente la apostólica bendición y aquellos favores espirituales que pudieran favorecer la empresa".
Aquel diálogo, subrayó el Rector Mayor, es para los salesianos un paradigma permanente de devoción al Santo Padre y de disponibilidad plena a la misión de la Iglesia. Hoy, como entonces, la Congregación renueva la propia fidelidad "Cum Petro et Sub Petro", caminando con renovada energía en el surco trazado por el Concilio Vaticano II.
Con particular emoción, el Rector Mayor transmitió luego al papa los saludos de los hermanos que trabajan en zonas de guerra y conflicto. "Estamos unidos a ellos, rezamos por ellos, asegurando de todos los modos nuestra cercanía humana y espiritual", afirmó, pidiendo para todos la bendición del Santo Padre.
El papa León XIV: "Sois un signo escrito en el corazón de Jesús"
En su intervención, el papa León XIV quiso iniciar con las palabras del Evangelio de Juan (20,30-31), inscritas sobre el ambón de la capilla: "Jesús, en presencia de sus discípulos, hizo muchos otros signos que no han sido escritos en este libro… estos han sido escritos para que creáis".
"Entre tantos signos que no han sido escritos – añadió el papa – está la vida consagrada. Y sinceramente querría deciros a vosotros: está la comunidad salesiana".
Con estas palabras, el Santo Padre reconoció en la Congregación un signo vivo y actual de la presencia de Cristo en el mundo: un signo quizás no "escrito" en los libros, pero profundamente grabado en el corazón de Jesús. Un signo que continúa manifestándose a través del servicio generoso a los jóvenes, especialmente en los contextos marcados por guerra, pobreza y conflicto.
El papa expresó cercanía a los salesianos comprometidos en las periferias del mundo y recordó con afecto su servicio también en Roma, en particular en la zona de Termini, donde la comunidad salesiana ofrece acogida, recorridos educativos y oportunidades de integración para tantos jóvenes, italianos y extranjeros.
Un recuerdo personal y un clima de familia
En un clima de gran sencillez, el papa León XIV compartió también un recuerdo personal: de joven, antes de entrar a los Agustinos, visitó una comunidad salesiana. "Habéis llegado al segundo lugar, lo siento", dijo con una sonrisa, suscitando la hilaridad de los presentes.
Con tono afectuoso, añadió luego que, en los primeros diez meses de pontificado, ha visitado más comunidades salesianas que agustinas, signo de una cercanía concreta y sincera.
El Santo Padre alabó el carisma salesiano, subrayando la riqueza del servicio educativo y pastoral hacia los jóvenes, y animó a los hermanos a vivir el espíritu del Sagrado Corazón de Jesús sobre el ejemplo de Don Bosco: un espíritu de amor operoso, de dedicación y de alegría. "Caminemos juntos, unidos en la Iglesia, unidos en el Sagrado Corazón de Jesús", concluyó.
La bendición y el encuentro personal
Al término del encuentro, el papa León XIV impartió su bendición a los hermanos presentes. Sucesivamente, con gran atención y paternidad, saludó a cada uno personalmente, deteniéndose a intercambiar una palabra y a donar la propia bendición individual.
Fue un momento de gracia intensa, vivido en la sencillez de una familia religiosa que renueva el propio amor al papa y a la Iglesia. En el corazón de la Casa Generalicia, junto a la Basílica querida por León XIII y construida por Don Bosco, se renovó un lazo histórico y espiritual que continúa sosteniendo la misión salesiana en el mundo: servir a los jóvenes, especialmente a los más pobres, como signo concreto del amor de Cristo.
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