Llegar a Roma fue una prueba dura. Don Bosco partió de Turín y llegó al puerto de Génova, desde donde se embarcó hacia Civitavecchia, antesala de Roma. El viaje se realizó a bordo de un barco de vapor llamado Aventino, un nombre inspirado en uno de los cerros de Roma.
En aquella época era habitual que los navíos tomaran los nombres de los lugares más famosos de las zonas hacia las que se dirigían. Y así, además del Aventino, existían otros llamados Vaticano y Quirinale.
El Aventino solía partir de Marsella, para luego tocar Génova, Livorno, Civitavecchia, y continuar hacia Nápoles, Mesina y Malta. Al regreso repetía el mismo recorrido hasta Marsella. También se llamaba barco postal porque transportaba cartas, pliegos, etc.
A pesar de muchas dificultades y del mareo, gracias a este barco Don Bosco llegó a Roma, donde permaneció hasta el 16 de abril de ese mismo año. En Roma se dedicó con fervor a las visitas y devociones previstas, hasta participar en los solemnes ritos pascuales celebrados por el Pontífice, el papa Pío IX.
